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martes, 3 de diciembre de 2013

Bienvenido a casa.


Los ruidos en las casa viejas es algo común contando que una casa de más de 30 años tiene sus problemas, los primeros meses se hicieron ajustes en las tuberías, los pisos y el techo, pero los ruidos siguieron, pensamos que eran ratas o gatos, pero nunca vimos un gato y mucho menos un ratón, los días pasaron y el ruido seguía, nos acostumbramos a eso.
En unas vacaciones con mi familia estuvimos dos semanas fuera, al volver la situación cambió, el ruido normal de la casa se volvió un martirio para mi y mi familia, ya escuchábamos pasos, en muchos momentos parecían lamentos, en muchas noches parecían gritos de sufrimiento, la cosa pasó a mayor a mediados de octubre, los bombillos se estallaban, el agua de las llaves era turbia, todos los días pasaba algo inexplicable.
Optamos por remodelar la casa a finales de año, contratamos un grupo de reparación y mientras ellos comenzaban sus labores, varios vidrios de la propiedad se rompieron, el golpe nos hizo salir de la casa, revisamos la propiedad y no hallamos nada, la preocupación se incrementó.
A una semana de haber comenzado las reparaciones, el grupo me hizo llegar una queja, varias herramientas se les perdieron y pensaban que alguno de mis hijos las tomaba prestadas, lo cual me parecía absurdo un niño de 8 y uno de 5 no sabrían qué hacer con eso.


Una tarde en casa con mis hijos y esposa, volvimos a escuchar terribles ruidos en una de las paredes,  decidido a saber que era, tome el maso de los obreros y comencé a golpear la pared, los ruidos fueron en aumento por cada golpe que daba, parecía metálico, !Las Herramientas!  pense, despues de casi dos horas pude abrir un hueco lo suficientemente grande para poder entrar, a primera luz con la linterna vi las dichosas herramientas, era un espacio de unos 50 centímetros a través de la pared, pero perfectamente sellado, como era posible que estuvieran allí, mi esposa me ayudó a sacarlas, al revisar de nuevo el lugar no vi nada fuera de comun, me daba vueltas en la cabeza la idea de como fue que llegaron allí, saliendo por el hueco que había creado, sentí como me tomaron la pierna y no me permitían salir, el pánico me hizo botar la linterna, me era imposible salir, mi esposa me halaba por los brazos y mis hijos gritaban, sentía una mano tomándome la pierna, mi hijo mayor tomó la linterna del piso y la arrojó por el hueco, paso a unos centímetros de mi cara y cayó dentro rebotando por las paredes, la mano que me sostenía me soltó y pude salir.
Ya más calmado tome valor y me asomé con cuidado, en busca de algo que no comprendía, la linterna apuntaba al rincón de ese pequeño espacio y pude ver algo de lo que no me había percatado, un pequeño espacio en el piso y allí una caja de madera, entre y tome la linterna, apuntando cuidadosamente al pequeño espacio, al abrir la caja de madera mi alma salió corriendo del lugar pero mi cuerpo permaneció inmóvil, asustado salí como pude y llamé a la policía.
En la mañana siguiente, los obreros rompieron por completo la pared para que la policía forense ingresara sin problemas, hallaron el cuerpo de un niño no mayor que mis hijos, estaba finamente arropado, muy conservado, según supimos había sido un niño desaparecido hace unos treinta años, no hubo sospechosos.
Construimos de nuevo la pared, los ruidos cesaron y todo fue perfecto.
Una tarde, escuche a mi hijo mayor hablando en su habitacion, me parecio curioso y me asome con cuidado, mi hijo Adam no estaba hablando solo, había otro pequeño niño con el, era imposible mi esposa samantha estaba con nuestro hijo menor en el supermercado, me aterre al ver al niño voltear, los dos niños me miraron y Adam mi hijo dijo, Papá el es Max.
El rostro del pequeño se me hizo inmediatamente familiar, me sonrió y dijo gracias, para luego desaparecer, quede en shock, mi hijo Adam se despedía diciendo Chao Max.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Y me levanté en medio de la noche


Y me levanté en medio de la noche, sobresaltado, agitado, confundido, el ambiente tenía un olor horrible, estaba en un lugar estrecho, no podía moverme, mis brazos estaban rígidos y no podía sentir mis piernas, la cabeza me dolía mucho y tenía la boca muy seca, el lugar estaba sumido en un negro profundo, muy oscuro, no recordaba porque estaba en ese lugar, sentía un gran vacio, algo me faltaba, algo muy dentro de mí había desaparecido, la sensación era extraña, no sentía frío ni calor, solo la oscuridad que poco a poco me intimidaba más, no se cuanto tiempo paso, no tenía noción del tiempo, solo estaba ahí, quieto, hasta que recordé, llego a mi de la nada, como un rayo y su trueno, recordé todo, torpemente y haciendo un gran esfuerzo doble mi brazo, mis dedos buscaron camino hacia mi pecho y en ese momento todo fue tristeza, ya sabia que habia perdido, ya no tenía alma, ya no tenía vida, estaba muerto.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Ataque de Panico


Mi nombre es Fabián Mendoza, tengo 38 años y 11 de casado, vivo cómodamente con mi esposa y mis dos hijos, Fabián de 9 y Carolina de 7, vivimos fuera de la ciudad desde hace 5 años, las historias de fantasmas son frecuentes en estos pueblos, pero jamás pensé que tendría que vivirlas, una noche en la casa estábamos cenando y en medio de la comida mi hija sufrió de un ataque convulsivo, nunca había tenido un episodio como ese, el susto fue tremendo, pasamos la noche en la clínica del pueblo, el médico la examinó y nos dijo que era difícil saber las causas, pero que la tuviéramos en observación, así pasamos la semana y no supimos porque fue, pero los días pasaron y mi hija cambió su comportamiento, se levantaba a medianoche gritando, poco a poco se fue enfermando, con mi esposa buscamos todas las soluciones o más bien buscando las respuestas, pero no llegábamos a nada, mi hija todos los días sufría de ataques de pánico, convulsiones, estamos desesperados, mi hijo mayor sufría mucho, nosotros le dedicamos todo el tiempo y energía a nuestra hija menor, un dia en la clínica con nuestra hija nos visitó una enfermera, su nombre nunca lo supimos, pero nos recomendó llevarla a la iglesia del pueblo, al principio no creímos que fuera cosa de espíritus, pero no teníamos nada que perder, la llevamos a la iglesia y tuvimos una cita con el cura de aquella iglesia, un hombre ya muy entrado en años, pero todavía recio, le contamos nuestro caso, el solo escuchaba, al terminar, el cura se paro y tomo un libro y una botella, le puso la mano derecha en la cabeza de nuestra pequeña, dijo varias palabras y esparció gotas de agua bendita sobre nosotros, mi esposa y yo solo nos miramos desconcertados, nuestra hija solo nos miraba, nuestro hijo mayor nos acompañaba, pasaron unos 10 minutos desde que el cura había iniciado su ritual, cuando nuestro hijo mayor se empezó a reír de forma estrepitosa, mi esposa lo tomó por el brazo y le dijo que se comportara, el solo se reía como jamás lo había hecho, Carolina, nuestra hija lloraba desconsolada y el cura cada vez más frenético eleva sus plegarias con más fuerza, todo estaba en un ambiente extrañísimo, mi esposa le gritaba a nuestro hijo Fabián que dejara de reírse, en un segundo todo cambió, todo quedó en silencio, mi hijo, mi hija y el cura se callaron en seco, mire a mi esposa y ella me miraba incrédula, fueron 4 o 5 segundos de silencio, como en cámara lenta, mi hijo me miro, su mirada era fría, inexpresiva, se quedo mirandome fijo, senti escalofrio, mi hija me tomó del brazo muy fuerte, no con la fuerza de una niña de esa edad, parecía la fuerza de un hombre gigante, intente soltarme pero no pude, mi esposa intentaba volver a mi hijo en sí, el susto era increíble, mi hijo voltio la mirada hacia su mamá y le gritó con una voz gruesa que jamas lo dejaria, mi hija Carolina grito muy fuerte y tras una pausa mis dos hijos vomitaron, el olor era terrible, estaba tan asustado por lo que había pasado que solo los abrace junto con mi esposa por un largo rato, mis pequeños hijos cayeron en un sueño de varias horas, fuimos con el cura a la casa y hablamos de lo que había pasado, el señor muy tranquilamente nos contó que no era la primera vez que hacía eso, era muy experimentado en ciertos casos de posesión, a la mañana siguiente mis dos pequeños se levantaron como si nada hubiera pasado, mi hija carolina se levantó 100 por ciento recuperada y no volvió a sufrir de ningún ataque y vive su vida muy feliz, por el contrario de mi hijo que pasó de ser un niño feliz a un pequeño retraído, no entendemos qué pasó, nos preocupa nuestro hijo que parece no haber superado lo vivido.
aunque en las noches cuando lo veo dormir algo me recuerda la voz que decia que jamas lo dejaria, espero que en un futuro lo olvide y seamos la familia feliz que fuimos.


Fabian Mendoza.