lunes, 16 de septiembre de 2013

Ataque de Panico


Mi nombre es Fabián Mendoza, tengo 38 años y 11 de casado, vivo cómodamente con mi esposa y mis dos hijos, Fabián de 9 y Carolina de 7, vivimos fuera de la ciudad desde hace 5 años, las historias de fantasmas son frecuentes en estos pueblos, pero jamás pensé que tendría que vivirlas, una noche en la casa estábamos cenando y en medio de la comida mi hija sufrió de un ataque convulsivo, nunca había tenido un episodio como ese, el susto fue tremendo, pasamos la noche en la clínica del pueblo, el médico la examinó y nos dijo que era difícil saber las causas, pero que la tuviéramos en observación, así pasamos la semana y no supimos porque fue, pero los días pasaron y mi hija cambió su comportamiento, se levantaba a medianoche gritando, poco a poco se fue enfermando, con mi esposa buscamos todas las soluciones o más bien buscando las respuestas, pero no llegábamos a nada, mi hija todos los días sufría de ataques de pánico, convulsiones, estamos desesperados, mi hijo mayor sufría mucho, nosotros le dedicamos todo el tiempo y energía a nuestra hija menor, un dia en la clínica con nuestra hija nos visitó una enfermera, su nombre nunca lo supimos, pero nos recomendó llevarla a la iglesia del pueblo, al principio no creímos que fuera cosa de espíritus, pero no teníamos nada que perder, la llevamos a la iglesia y tuvimos una cita con el cura de aquella iglesia, un hombre ya muy entrado en años, pero todavía recio, le contamos nuestro caso, el solo escuchaba, al terminar, el cura se paro y tomo un libro y una botella, le puso la mano derecha en la cabeza de nuestra pequeña, dijo varias palabras y esparció gotas de agua bendita sobre nosotros, mi esposa y yo solo nos miramos desconcertados, nuestra hija solo nos miraba, nuestro hijo mayor nos acompañaba, pasaron unos 10 minutos desde que el cura había iniciado su ritual, cuando nuestro hijo mayor se empezó a reír de forma estrepitosa, mi esposa lo tomó por el brazo y le dijo que se comportara, el solo se reía como jamás lo había hecho, Carolina, nuestra hija lloraba desconsolada y el cura cada vez más frenético eleva sus plegarias con más fuerza, todo estaba en un ambiente extrañísimo, mi esposa le gritaba a nuestro hijo Fabián que dejara de reírse, en un segundo todo cambió, todo quedó en silencio, mi hijo, mi hija y el cura se callaron en seco, mire a mi esposa y ella me miraba incrédula, fueron 4 o 5 segundos de silencio, como en cámara lenta, mi hijo me miro, su mirada era fría, inexpresiva, se quedo mirandome fijo, senti escalofrio, mi hija me tomó del brazo muy fuerte, no con la fuerza de una niña de esa edad, parecía la fuerza de un hombre gigante, intente soltarme pero no pude, mi esposa intentaba volver a mi hijo en sí, el susto era increíble, mi hijo voltio la mirada hacia su mamá y le gritó con una voz gruesa que jamas lo dejaria, mi hija Carolina grito muy fuerte y tras una pausa mis dos hijos vomitaron, el olor era terrible, estaba tan asustado por lo que había pasado que solo los abrace junto con mi esposa por un largo rato, mis pequeños hijos cayeron en un sueño de varias horas, fuimos con el cura a la casa y hablamos de lo que había pasado, el señor muy tranquilamente nos contó que no era la primera vez que hacía eso, era muy experimentado en ciertos casos de posesión, a la mañana siguiente mis dos pequeños se levantaron como si nada hubiera pasado, mi hija carolina se levantó 100 por ciento recuperada y no volvió a sufrir de ningún ataque y vive su vida muy feliz, por el contrario de mi hijo que pasó de ser un niño feliz a un pequeño retraído, no entendemos qué pasó, nos preocupa nuestro hijo que parece no haber superado lo vivido.
aunque en las noches cuando lo veo dormir algo me recuerda la voz que decia que jamas lo dejaria, espero que en un futuro lo olvide y seamos la familia feliz que fuimos.


Fabian Mendoza.


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