Y lo vi al abrir los ojos, no tenía una figura definida, claramente ante mis ojos un espanto, un diablo, intente gritar con todas mis fuerzas, pero no pude, esta petrificada, loca.
Mi cuerpo estaba pegado a la cama, un peso increíble me hundía a cada segundo, apenas si podía respirar, las lágrimas resbalaban por las esquinas de mis ojos, quería llorar más, pero ver sobre mi cama a eso, si eso, porque qué otro nombre le puedo decir a esa maldición que apareció esa noche volando por la habitación, una sombra, una energía pútrida, comencé a rezar en mi mente, un padre nuestro, dos, tres, pero nada cambiaba, solo la cosa pútrida se tornaba más feroz, pensé en mis hijos en la otra habitación, pero lo que eso generaba en mí era un dolor inmenso, una ausencia de alma, el terror se apoderó de mí, con las pocas fuerzas le intente gritar que me dejara, que quería volver a ver a mis hijos, con más furia descendió del techo hacia mí, cerré los ojos con mucha fuerza no quería ver, esa sombra estaba posada encima mio a unos centímetros, mi corazón zumbaba en mis oídos por la fuerza de los latidos, sentía mi piel quemándose, el olor putrefacto me hizo vomitar, casi ahogándome apretaba mis puños, el peso de eso me fracturó dos costillas, tome mi ultimo aliento, era el último esfuerzo que podía hacer.
Y grite, tan fuerte como pude, con el terror en mis pulmones, mi grito se mezcló con el sonido que generó esa cosa, fue una mezcla de gritos de dolor, de miedo. La cosa fuera lo que fuese desapareció enseguida, el peso desaparecio tambien, salte de la cama hacia el piso, respirando hondo, llenándome de valor, corri lo mas rapido que pude y prendi la luz. La habitación estaba tan vacía como los años en que quede viuda, fui a la habitación de mis hijos que oyeron el espantoso grito de esa cosa y el mío propio, estuvimos abrazados en el piso hasta que amaneció, en el hospital les conté lo sucedido, por supuesto que nadie me creyó, antes de salir una enfermera se acerco a mi, me invito a rezar un padre nuestro y me aconsejo que la sal era lo mejor para esos casos, en mi habitación hay en mi mesa y en la entrada, unas tijeras abiertas colgando detrás de la puerta, un revolver en mi almohada y valor, mucho valor para poder dormir.